¿Qué hacemos en los colegios con el coronavirus en Suecia?

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Este año, sin duda, lo más destacado, será las medidas tomadas en los centros educativos ante el gran miedo por la posible propagación del COVID 19 entre los niños.

Cuando el 11 de marzo de 2020 la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró oficialmente la pandemia del corona virus, mucha gente, incluido yo, pensamos en las consecuencias que tendría en nuestras vidas diarias, y sobre todo cómo se protegería de este virus a los niños.

Unos días después, cuando, con las terribles noticias que venían primero de Italia y luego de España, los países cerraron las fronteras, e impusieron un grupo de medidas antes el estado de alarma y el drástico incremento de infectados por el virus, Suecia sorprendió al todo el mundo (incluido los propios ciudadanos que vivimos en el país nórdico) con unas medidas que provocaron una gran reacción, sobre todo en contra de ellas en todo el mundo.

Con el cierre de las fronteras a los viajeros, se decretó la prohibición de reuniones de más de 50 personas, el cierre de universidades e institutos, bibliotecas, centros deportivos y sociales.  Pero sobre todo dejaba que tiendas, bares, restaurantes o autobuses continuaran su actividad aunque eso no evitó que los comercios, el turismo y las importaciones se vieran afectadas.

Pero sobre todo se pidió a los ciudadanos que actuáramos con mucha precaución e incrementamos nuestra higiene y evitáramos las relaciones sociales, y ya con esto llegó el confinamiento de personas «sensibles» e infectados por el virus para así evitar la propagación del mismo.

Pero todas las familias, sobre todo con niños y niñas en edad escolar, teníamos la gran incertidumbre que las medidas que se adoptarían en los colegios, ya que, sobre todo, había una gran ignorancia de como se infectaba la gente y si los niños eran especialmente vulnerables al virus.

En Karlskrona, donde yo trabajo, y en Kalmar donde he hablado con varios profesores, las medidas iniciales eran realmente sencillas, cualquier alumno que tuviera, un poco de fiebre, tosiera o sintiera algún malestar, se le tenía que enviar inmediatamente a casa durante al menos dos días, llamar a los padres para informar que se enviaba al niño a casa y había que «desinfectar» la mesa y la silla donde había estado en clase.

A esta medida, también se sumó que hubiera familias que por miedo a un contagio, preferían que sus hijos se quedaran en casa durante algunos días y las clases se llenaron de alumnos con máscaras y continuamente había que organizar a los alumnos para que se lavaran bien las manos y lavaran todo aquello que habían tocado.

Claro está, estas medidas, eran sobre todo por prevenir que si había un infectado pudiera contagiar a sus compañeros, pero suponía crear una situación extra que los profesores teníamos que solucionar lo antes posible: controlar que los alumnos continuaban sus estudios también en casa.

En la misma semana que se decretaron las medidas en los colegios, se iniciaron unos cursos para que nosotros, los profesores, pudiéramos impartir las clases en formato digital, ya que si se detectaba que algún niño estuviera infectado y ante un contagio masivo, el colegio se cerraría pero las clases se seguirían impartiendo a través de Internet.  Dado que las universidades e institutos del país continuaban los cursos a través de Internet, pues se consideró que las clases de los colegios se podían hacer así también.

Esto llevó incluso a una discusión abierta entre los profesores ante el equipo de dirección del colegio y posteriormente ante los responsables de educación de la provincia porque, nosotros, los profesores estaríamos en primer línea ante posibles contagios y además tendríamos trabajo extra preparando el material para los alumnos que no venían al colegio.  Pero sobre todo nuestra preocupación, bastante razonable creo yo, era que si nosotros nos infectábamos, podríamos contagiar a nuestra familias.

La verdad es que han sido unas semanas, un poco duras, ya que a parte de la carga de trabajo habitual que de por si ya tenemos habitualmente, hubo la dificultad de tener que impartir las clases de forma presencial y a la vez atender a los alumnos que se habían quedado en casa para que siguieran trabajando las lecciones, que por suerte no faltaron tantos como inicialmente se esperaba, aunque si que faltaron muchísimos alumnos, sobre todo aquellos que requerían más apoyo por parte de los profesores.  Ya sabes, si unos alumnos tienen la oportunidad de quedarse en casa explotando el cuento, pues se aprovechan de la situación.

Después de varias semanas de mucho miedo e incertidumbre y de estar cada día pendiente de las noticias por si había muchos infectados, la situación ya se a normalizado, pero en cierto modo, y yo pienso que se debe, a que ya nos hemos acostumbrado al riesgo latente del dichoso virus, pero sobre todo a que ya tenemos nuestras rutinas de limpieza, y sobre todo los alumnos ya lo tienen asumido como normal, por lo que tampoco tenemos que estar «dándoles tanto la lata».

A partir de esta semana, la medidas se van a «relajar», vamos como decir que es una manera de normalizar la situación, los niños ya podrán servirse su propia comida, no hará falta que guarden tanta distancia entre ellos, y no hará falta mandarles a casa por un simple estornudo (lo que llegó a ser un problema por las continuas quejas de los padres que nos llamaban por teléfono porque eso les obligaba a ellos a volver antes a casa).

Pero no te creas que por ellos ya nos hemos relajado, ni mucho menos, las medidas de limpieza en el colegio son extremas, los servicios seguirán teniendo colas para lavarse las manos, los niños no podrán compartir ni ropa ni el material del colegio, pero al menos ahora se respira un ambiente más aliviado.

¿Funcionará este cambio para evitar el virus?  Todos sabemos que no, ya que somos muy conscientes que si un día viene un niño infectado, ese contagiará a los cincuenta niños con los que se cruce, pero al menos les estamos poniendo trabas al virus para que se propague por el colegio, porque estas medidas se han tomado ya que la gente no viaja tanto como antes y las zonas donde hay gente infectada está más o menos aislada del resto.

Pero eso no quita que ya haya colegios que han cerrado sus instalaciones, el caso más mediático fue el colegio de Estocolmo donde iban las princesas, y los hijos de muchas familias adineradas suecas, donde se dijo que hubo un alumno que estaba infectado, aunque hay muchísima gente, yo entre ellos, que me pareció una manera de justificar que esos niños permanecieran en casa, como la mejor medida para evitar el contagio.

También está otro caso (que no sé si es del todo verídico y que estoy intentando averiguarlo, pero por si acaso lo comento) se trata de un profesor de un colegio de Mälmö que resultó infectado por COVID 19 y que se le mandó a casa (sin que la dirección del colegio anunciara que se trataba por el coronavirus), pero el colegio permaneció abierto y sus alumnos continúan en clase a día de hoy.

¿Y desde el punto de vista de los padres? Porque yo soy padre y esto también me preocupa muchísimo.  Cuando nuestro hijo está en casa (por precaución) lo máximo que puede estar son dos días y si no hay causas médicas, tiene que volver al colegio después, ¿qué pasa si no vuelve? Pues el profesor tiene que notificarlo al director y este llama a casa para decir que el niño tiene que ir al colegio si está sano, en el caso de no venir el alumno, pues el director tiene que llamar a «los servicios sociales suecos» con la consiguiente situación problemática que supondrá eso para la familia.

Imaginate el papel que yo tengo como profesor porque formo parte de ese proceso con una familia que lo único que quiere es protegerse contra el coronavirus.  Por que yo entiendo que los niños «no enferman», pero ¿y si los padres enferman, quién los cuida a ellos y a los niños?  Pues imagínate la impotencia que tenemos los profesores, que estamos en medio porque a mi me llaman por teléfono del orden de cinco padres cada día para plantearme cosas así.

Porque para que tú lo sepas, en el caso que se detecte un solo caso de un niño infectado en un colegio, el colegio cerraría y los niños tendrían que estar en casa al menos dos semanas, pero ¿y los profesores? pues nosotros tendríamos que ir al colegio a impartir las clases desde allí por Internet a los alumnos, ¿qué te parece la papeleta? Pues para que veas que situación tenemos los profesores que somos padres también.

Y dado que según los estudios hechos hasta ahora y la decisión gubernamental de continuar la vida lo más normal posible, pues a los ciudadanos que vivimos en Suecia, no nos queda más remedio que seguir adelante pero eso sí, siendo muy precavidos con quien nos cruzamos, con quien hablamos, con lo que tocamos y sobre todo con nuestra higiene para ponerle las cosas muy difíciles al coronavirus.

Pablo

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